Ficcion · Relato
La Colonia Perdida
El propio DAP no tenía ninguna clase de seña exterior; lo normal es que llevaran algún tipo de código identificatorio, lo que añadía al misterio. -hum, interesa
Por Luke Morgan
Ambientada en OCULUS PRIME
Si hay algo que Pedro no termina de aceptar, es la noche. La noche Lunar desde luego, el equivalente a casi 15 dias terrestres. Colombiano de nacimiento, Pedro vibra con el calor del sol, algo que el hostil ambiente lunar se empeña en robar por completo cada dos semanas. Sin embargo, el ciclo noche estaba por terminar, por lo que Pedro esta de buen humor, aún cuando en estricto rigor están ubicados a más de 300 metros bajo la superficie lunar, lejos del calor y de la radiación mortal de nuestra única estrella. “Es un estado mental”, piensa Pedro mientras se dirige a su oficina en el nivel 4 del “AmCha”, como le dicen coloquialmente a Amrit Chaudhry, el Edifico de gobierno de la capital lunar, bautizado de esa manera en honor a la defensora de la libertad, los derechos de la mujer y promotora de la colonización lunar fallecida el año 2112.
Una vez en su oficina, y mientras se acomodaba para comenzar su rutina de trabajo notó a un costado de su terminal lo que parecía un dispositivo de almacenamiento portátil. Le pareció curioso, porque el grueso de la información transitaba por las redes que conectaban a las distintas organizaciones y asentamientos; ese tipo de objetos se ocupaba muy rara vez, cuando la información era en extremo sensible. Pedro nunca había necesitado uno de esos artilugios, de hecho, ni siquiera había visto uno hasta ese momento -salvo en imágenes- pero estaba seguro de que en efecto se trataba de un DAP. Tras revisar su escritorio no encontró evidencia que le indicara quien había dejado eso ahí, y el propio DAP no tenía ninguna clase de seña exterior; lo normal es que llevaran algún tipo de código identificatorio, lo que añadía al misterio. -hum, interesante- pensó para sus adentros, luego de darle vueltas un rato a la inusual situación – todo esto es de lo más raro. -
Su primer impulso fue conectar el DAP a su terminal y examinar su contenido, pero las misteriosas circunstancias que rodeaban al dispositivo le hicieron titubear. -Será mejor que le haga una visita a Leticia y deje que ella se encargue de confirmar que este trasto es seguro- pensó Pedro, al tiempo que guardaba la diminuta barra de titanio en uno de sus bolsillos y se dirigía al nivel 9, donde estaba OROC, la agencia reguladora de organismo cibernéticos, de la cual Leticia Arellano era parte en su calidad de ingeniera informática experta en rendimiento OCI.
Nada más verlo salir del elevador a Leticia se le iluminaron los ojos. -Hey Pedro, que tal? El ciclo noche ya casi acaba, eh? Debes estar feliz- le dijo, mientras lo abrazaba cariñosamente. A ambos les unía una amistad fraternal, profundizada por sus raíces latinas y su particular sentido de ver la vida. Habían coincidido en el transporte a la Luna años atrás y aunque sus profesiones eran diferentes, Pedro y Leticia compartían un sentido de aventura y una pasión por comprender el funcionamiento interno de la colonia lunar y sus complejas tecnologías, desde los OCIs hasta las novedosas técnicas de biotecnología para cultivar plantas en el espacio. Compartían historias, experiencias y conocimientos, lo que fortaleció su amistad y los convirtió en confidentes.
En el día a día, Pedro y Leticia interactuaban frecuentemente debido a sus respectivos trabajos y proyectos. Compartían el almuerzo en la cafetería y a menudo se encontraban en eventos y presentaciones sobre los avances en colonización lunar. Con el tiempo, la relación de amistad entre Pedro y Leticia se profundizó, y comenzaron a apoyarse mutuamente en sus respectivas labores y desafíos personales. Se convirtieron en un equipo formidable, combinando la perspectiva periodística de Pedro con la visión técnica y científica de Leticia.
Pedro la miró maliciosamente, y Leticia, que lo conocía lo suficiente como para saber que algo se traía entre manos, lo miró socarronamente. – A ver hombre, que tu cara es un libro abierto- le dijo divertida. -De verdad andas por ahí con esa expresión de “Tengo un secreto, pregúntenme que me pasa”?-
-No seas ridícula Leti, tu eres la única que se da cuenta- replico no muy convencido, pensando ahora en qué cara tendría que era tan obvio que algo ocupaba su mente. – de hecho, si tengo algo que contarte- le dijo en voz baja, entrecerrando los ojos y haciéndose el misterioso.
-Lo sabía!- siseó Leticia, haciéndose eco del tono conspirativo de su amigo. -ven, vamos a mi oficina para que me cuentes todo- le dijo, al punto que se ponía en marcha.
Una vez dentro, Pedro le informó rápidamente de los acontecimientos, al tiempo que ponía en su mano el pequeño dispositivo. -Nunca había visto uno de estos…-dijo pensativamente Leticia, mientras le daba vuelta al brillante tubo metálico. -Ven, vamos al terminal del laboratorio para echarle una mirada a esta cosa; no me fío lo suficiente como para revisarlo aquí- dijo mientras casi arrastraba a Pedro tras de sí.
- ¿ni siquiera tiene una clave?- dijo como para si mismo Pedro, mientras Leticia conectaba el TED a uno de los terminales del laboratorio. -todo esto es muy raro Leti, ¿no te parece?
- Si que lo es amigo mío, pero estamos a punto de averiguar de que se trata- dijo, mientras accedía al contenido del dispositivo.
Una única carpeta al interior del DAP, rotulada “Tycho”. Nada más.
-Ok, eso fue anticlimático- bufó Pedro, que de alguna manera esperaba algo más… ¿misterioso? Estaba a las claras desilusionado por lo aparentemente prosaico del contenido del DAP.
- ¿Tycho? – replicó en voz alta Leticia, - ¿te dice algo ese nombre?
- No, la verdad…aunque, ahora que lo pienso, ¿no era algo así como una colonia? Puedo estar equivocado, pero me parece que Tycho fue uno de esos primeros asentamientos que se levantaron después de Artemis- dijo Pedro, con cara de estar tratando de recordar algo.
- ni idea, tu eres el periodista… ¿no debería saber esto? ¡Qué vergüenza! -le dijo entre risas mientras le daba un suave puñetazo en el hombro, disfrutando del momento.
-Ya déjalo estar, que no lo sé todo, chica – le respondió Pedro relajado. – Pues ya, veamos de que se trata, quizás no tiene nada que ver y me estas embromando gratuitamente.
Concentrando su atención en la pantalla del terminal, Leticia abrió el contenedor, revelando al menos una docena de documentos repletos de datos, descripciones, imágenes y lo que parecían reportes. Ambos se miraron, para luego volver su atención a la pantalla. -Abre este- indicó Pedro, absorto en la información desplegada en la pantalla. El primero era el informe Tycho-1: un complejo documento técnico con una exhaustiva lista de los elementos hallados en la colonia perdida.
-Este es negro como un pozo sin fondo- dijo Leticia con los ojos entrecerrados, casi hipnotizada por el contenido. -Parece que aquí hay todo tipo de cosas interesantes…
- ¡Exactamente! – exclamó Pedro, mientras se acercaba para mirar mejor.
Duraron varios minutos repasando el contenido del documento antes de pasar al siguiente: el informe Tycho-2. Este era mucho más corto y contenía principalmente imágenes del malogrado asentamiento. Continuaron revisando el contenido de los archivos, encontrando más documentos, informes detallados incluso algunas teorías sobre la colonia perdida. La información era cada vez más fascinante y Leticia y Pedro empezaron a comprender un poco mejor la importancia del pequeño dispositivo que ahora tenían en su posesión, y la magnitud de lo que tenían en sus manos.
Después de varias horas de lectura y análisis, Pedro y Leticia se dieron cuenta de que estaban en presencia de algo realmente importante. Tycho no era una colonia cualquiera, sino que había sido fundada con un propósito de carácter científico, altamente clasificado. ¿El objetivo? Ninguno de los documentos daba luces al respecto, por lo que encontrar a quien había dejado el DAP en la oficina de Pedro era prioridad.
Con el corazón latiendo con emoción y adrenalina, Pedro y Leticia compartieron una mirada significativa antes de cerrar los archivos y desconectar el dispositivo.
-¿Qué hacemos ahora? -preguntó Leticia en voz baja, sabiendo que había mucho en juego.
-Bueno, primero debemos asegurarnos de que esto sea auténtico y de que no pongamos en peligro nuestras vidas al divulgar esta información. Después de todo, no sabemos quiénes son los dueños de esto o qué tan peligrosos pueden ser -respondió Pedro, con una voz seria y reflexiva.
-Sí, tienes razón -dijo Leticia, asintiendo con la cabeza. -Pero también tenemos que hacer algo. Esto es demasiado importante como para guardar silencio.
-pff y que lo digas... lo que tenemos que hacer ahora es averiguar la identidad del misterioso personaje detrás de todo esto. - dijo Pedro, al punto que se levantaba y comenzaba a caminar hacia la oficina de Leticia.
- Oye, ¿crees que haya alguna forma de que podamos ir a investigar por nuestra cuenta? – preguntó Leticia, con un brillo en los ojos que indicaba que su mente estaba trabajando a toda velocidad.
- Es posible, si... – respondió Pedro ensimismado, presa de una emoción creciente, contagiado por el entusiasmo de su amiga. – Podemos arreglar una expedición, contratar algunos expertos en la materia y ver qué encontramos.
Leticia sonrió, sabiendo que la aventura acababa de empezar y que ambos estaban a punto de embarcarse en una misión única. Juntos, revisaron cada uno de los documentos, anotando cada detalle importante y discutiendo los próximos pasos a seguir.
Continuarà...