Ficcion · Microficcion
No Estamos Solos
Un silencio diferente llenó el laboratorio. No el silencio rutinario de noventa ciclos de trabajo. Sino el silencio de un universo que acababa de poblarse.
Por Hassan Bastos
Ambientada en OBSERVATORIO FARVIEW
Sexto ciclo, día nueve. 04:36 HSL.
Sara Olmos llevaba noventa ciclos observando el vacío desde las entrañas de la Luna. Veinticinco metros bajo la superficie lunar, el complejo Farview se extendía como una catedral tecnológica: cuatro telescopios VLT con espejos de 16.4 metros, cada uno capaz de capturar luz desde el ultravioleta profundo hasta el infrarrojo más distante.
El paraíso de cualquier astrónomo. O su infierno personal.
—Ey, Davide —Sara alzó la voz desde su terminal—, ¿escuchaste la vaina de Copernicus?
Davide Moretti no levantó la vista de su pantalla. Su silencio flotó entre ellos como polvo lunar.
—No.
Una sola palabra. En el último año trabajando juntos, Sara había aprendido a traducir los matices del laconismo italiano. Ese "no" significaba: continúa, pero que sea interesante.
—Bueno, pues resulta que este parcero, un geólogo chileno... ¡ah sí! Gómez-Glutz, envió un dron de mapeo a Copernicus 16. Pero la vaina se enredó cuando el dichoso aparato falló y al pobre le tocó ir a recuperarlo personalmente.
Moretti seguía inmóvil, pero Sara notó la casi imperceptible inclinación de su cabeza. Suficiente combustible para continuar.
—Salió con un oficial de seguridad... Currey, creo. Operación súper rutinaria, ¿sí, ve? Pero imagínese que el rover se les precipitó dentro de la fosa. Los dejó a veinte kilómetros de la base, con la mitad del oxígeno, obligados a caminar contra el terminator. ¡Esos sí que la tenían difícil!
. En fin, la vaina es que... - de pronto, con el rabillo del ojo Sara nota que la pantalla de su terminal esta emitiendo una alerta. - Eso es raro - piensa, en todo el tiempo que lleva trabajando nunca ha visto esa alarma. Se gira para dedicarle toda su atención, y mientras revisa los números, Davide se yergue en su silla, da un giro de 180° para quedar de frente a su colega y exclama: - y bien, ¿en que termina la historia?
En otras circunstancias Sara habría estado extasiada por haberle sacado mas de 5 palabras seguidas a su colega habría anotado ese día como una victoria resonante,, pero este no es un dia cualquiera; Sara esta como petrificada frente a su terminal mientras la alarma parpadea insistentemente. - ¿Sara? - dice de pronto Moretti, extrañado por el repentino comportamiento de la radio astrónoma.
—¿En qué termina la historia? —Davide se había volteado completamente, expectante.
Sara no respondió. Sus dedos volaron sobre el teclado, verificando, re-verificando.
—¿Sara?
Ella se giró lentamente, con la expresión de quien acaba de ver cambiar las leyes de la física.
—Estamos recibiendo un flujo continuo de información. Cantidades... pero cantidades ingentes, Davide.
—¿De dónde?
Sara tragó saliva. En sus ojos brillaba algo entre terror y éxtasis.
—Kepler-62e.
Un silencio diferente llenó el laboratorio. No el silencio rutinario de noventa ciclos de trabajo. Sino el silencio de un universo que acababa de poblarse.