Ficcion · Microficcion
Tren de Pensamiento
Celestial Mining se encontraba en Stevinus, casi 1600 kms al norte de Amundsen, el asentamiento principal del complejo Artemis, cuando se toparon con algo que n
Por Hassan Bastos
Ambientada en COMPLEJO POLAR ARTEMIS
Para variar, don Celso Protonotarios iba atrasado a su próxima reunión. Se decía a sí mismo que entre dirigir el departamento de historia y los constantes viajes entre Oculus y Verne, el tiempo no le alcanzaba, pero, para ser sinceros, su capacidad para deslizarse fuera de una conversación interesante - y todas lo eran - era prácticamente nula, lo que le mantenía en constante estado de rezago.
Entró resoplando en el edificio y enfiló de inmediato hacia el sector de los ascensores. Este era uno de esos engendros de hormigón lunar construidos en las primeras etapas de la colonización masiva liderada por la OICE, con elevadores que requerían un curso antes para poder descifrar el botón que debes apretar para llegar a tu destino. Como buen historiador, "o dáskalos" Protonotarios deseaba haber vivido durante la época en que subirse a un ascensor requería, simplemente, presionar un botón, o incluso decirle el piso de destino al pobre diablo sentado junto al panel. Otros tiempos.
Finalmente, las puertas se abrieron y don Celso, junto a otras dos personas, abordaron el ascensor. Mientras bajaban -porque en la luna todo esta construido bajo la superficie -, el profesor aprovechaba de componer su atuendo, algo zarrapastroso de tanto uso. En el quinto nivel, el elevador se detuvo, y al abrirse las puertas, un joven en sus veintes ingresó, saludando con un movimiento de cabeza a los habitantes temporales de aquella caja de carbono y grafeno. El profesor Protonotarios se le quedó mirando un momento mientras el ascensor seguía en su carrera hacia las profundidades, tratando de descubrir de dónde le resultaba conocido aquel joven que acaba de unirse a la silenciosa partida.
¡Ah! Ryan Cortez, por supuesto - recordó de pronto el historiador. El joven se parecía a Ryan, aquel niño tímido que llegó a su clase en el tercer nivel y que le acompañó durante los tres ciclos educativos. Siempre fue un niño callado - rememoraba don Celso - lo que a él le venía de perilla, porque él mismo no se callaba nunca, siempre hablando con pasión, a todo volumen. “¿Qué habrá sido de el?” reflexionaba el historiador perdido en sus pensamientos, específicamente repasando los acontecimientos de los últimos días, razón por la cual se encontraba en ese feo edificio en lugar de estar en su oficina. El día anterior Sacha Moreau, geóloga y amiga de años le había solicitado de manera urgente una reunión. Sacha trabajaba para Celestial Mining Solutions, una empresa especializada en minería lunar, subcontratada por la OICE para hacer prospecciones en distintos sectores de la Luna en busca de locaciones ricas en recursos naturales que hicieran viables el desarrollo nuevos asentamientos.
En el contexto de estas prospecciones, Celestial Mining se encontraba en Stevinus, casi 1600 kms al norte de Amundsen, el asentamiento principal del complejo Artemis, cuando se toparon con algo que no debería estar allí: unas estructuras semienterradas en un radio de alrededor de 3 kilómetros, cada una con dimensiones aproximadas entre los 25 y los 150 metros cada una; habían encontrado 8 hasta el momento, pero no estaban seguros de haberlas ubicado todas.
Sn perder tiempo la doctora Moreau y su equipo se trasladaron a Stevinus para examinar los hallazgos. Bajo un estricto protocolo de seguridad fueron estudiando las insólitas construcciones, y no tardaron demasiado en concluir que aquello no era un fenómeno rocoso, sino más bien estructuras creadas por alguien, o algo: no sólo se podía adivinar un diseño inteligente en la forma en que estaban creadas, sino que las superficies ofrecían un patrón visible grabado en relieve que parecía “saltar” de una estructura a otra.
Como el estudio de patrones y de evidencia histórica no era su fuerte, la doctora Moreau decidió contactar a su buen amigo Celso Protonotarios para que la asistiera en el estudio de los descubrimientos de Stevinus, en la esperanza de reconstituir -aunque fuera parcialmente- la historia de esas estructuras.
De aquello ya hacían dos meses, y en ese período no habían avanzado demasiado. Estudiar las estructuras in situ era complejo por su lejanía y costo, de modo que debían recurrir a vehículos automatizados y reconstrucciones tridimensionales para generar avances, los cuales sin embargo escaseaban. Protonotario y Moreau estaban bajo mucha presión, y a pesar de sus esfuerzos la decodificación de los glifos les era esquiva.
En este contexto, una excitada Sacha Moreau le había dejado un mensaje citándolo a una reunión de carácter urgente para ese día. No había más detalles excepto un críptico “tengo novedades”, junto con la hora y el lugar.
El elevador llegó finalmente al nivel 37, y don Celso salió apresuradamente, deseando llegar cuanto antes a la reunión con Sacha. Tenían mucho que discutir y debían asegurarse de que el secreto se mantuviera bajo estricto control. La activación de los artefactos había cambiado todo, y ahora debían enfrentar la incertidumbre de lo desconocido y la responsabilidad de manejar esta revelación con cuidado y sabiduría.
Continuará...